jueves 23 de diciembre de 2010

La barbariedad (Publicado en el Diario La Mañana el dia 21 de diciembre)

Comúnmente escuchamos hablar en las clases de historia de los bárbaros y la barbarie, de aquello que concibe a hombres y prácticas por fuera de los límites geográficos y costumbres aceptadas, aquello que en definitiva estaba más allá de lo pensable y aceptable por un grupo humano. Reflexionando sobre esas ideas y nuestras prácticas, podemos ver que en nuestra cultura hay un rasgo que podríamos denominar de barbariedad. Barbariedad que además trascendió en los últimos días, al ámbito de nuestra política vernácula, pero que indefectiblemente abreva en nuestras costumbres más arraigadas y cotidianas, aquellas que entendemos como "naturales".

En esa amalgama que es la Argentina como nación, lo propio del argentino resulta ser, paradójicamente hablando, un conservador en la valoración y un progresista en la aspiración. Podemos valorar fervientemente a la institución "familiar" pero tenemos "matrimonio igualitario", pedimos "mano dura" pero avalamos el "roba pero hace". Es decir, el argentino independientemente del lugar que ocupe en la escala social se regodea con un complicada cultura del "depende", en donde se puede seguir sosteniendo actitudes premodernas, producto del efecto de reificación, pero también valorar las liberalidades de lo posmoderno y en el medio, no tolerar a las instituciones sociales que intentan ordenar y encauzar la compleja vida social, que son de génesis claramente moderna.

Esta "hibridez" puede pensarse desde la idea de barbariedad, en tanto nuestros criterios paradójicos, inconstantes y contradictorios pueden serle aplicados como etiquetas, estigmatizaciones, simbologías, a los habitantes de los países vecinos pero también a los conciudadanos. Podemos querer aplicarle leyes restrictivas a los que por momentos le damos el rotulo de extraños, diferentes, pero por otro, a quien consideramos raro pero especial, distinto, exótico, endiosarlo y facilitarle todos los medios para su cercanía con nuestras intenciones e intereses.

Así, concluyendo en esos términos y tomando como caso lo ocurrido recientemente en la toma del parque en Villa Soldati, hay en ese hecho social un fenómeno cultural que nos debería hacer pensar como actuamos cuando hacemos catarsis y expulsamos lo peor de nosotros, de izquierda a derecha. Los actos de irreconocimiento del otro y en el que dudamos si le aplicamos o no el derecho vigente, nos exponen claramente como productores de un fenómeno al que aquí denominamos barbariedad. Barbariedad entendida como aquella visión y praxis aplicada dentro de nuestras fronteras, tanto a propios como ajenos, y que tiene como efecto restarle, ni mas ni menos, sus derechos implícitos. Demostraciones sociales como estas nos muestran sin atisbos de civilidad y respeto por la diferencia explicando de algún modo porque como colectivo nacional somos tan profusamente ambiguos. En efecto, mientras la barbarie como categoría nos permite pensar un conflicto entre culturas extrañas, nosotros hoy, con nuestro rasgo de barbariedad podemos ver como nos conflictuamos entre próximos que hablamos castellano, que somos latinoamericanos, y que nos reconocemos bajo similares paraguas legales nacionales e internacionales. Parece que el "crisol de razas" resultó ser una metáfora que la llevamos a flor de piel pero no esta claro que la tengamos interiorizada.

Javier Cubillas

http://www.lamanana-online.com.ar/edic_ant/editorial.php?str1=2010-diciembre-21

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