lunes 13 de diciembre de 2010

Critica a los discursos sociales y al juego del loco

Como tantas otras veces el discurso ideológico tomó forma en la sociedad civil pero como pocas veces en democracia los extremos se encarnizaron ante la falta de presencia efectiva del Estado. Antes, debido a la pobreza, marginalidad y explotación de importantes sectores sociales en la ciudad y su conurbano próximo, y después, por la ocupación indebida y los hechos que derivaron en tres muertes hasta el momento.

Una de las perspectivas que permitiría explicar algunos de los hechos acaecidos en este conflicto es el que hace foco en lo simbólico y discursivo. Mas allá de las fuerzas que se movilizaron y los actores que por distintos intereses estén detrás de esto, y literalmente estén detrás porque no se muestran y articulan movimientos al amparo de variopintos poderes, hay un clima, un ambiente y una “nube de tags” (empleando terminología de los blogers) que nos ubicarían y acercarían a un modo apropiado o no de leer al escenario. Esto es, a grosso modo, lo que un autor como Marc Angenot en su libro “el discurso social, los limites históricos de lo pensable y lo decible” intenta mostrarnos.

Así, Angenot, da a entender según mi interpretación, que hay un discurso social que en una coyuntura en particular marca unas fronteras sobre lo que puede pensarse y decirse, porque las ideas y los discursos son hechos históricos y no puede pensarse cualquier idea o creencia en un momento dado y en una cultura en particular. Así, en cada acontecimiento habria una hegemonía (palabra muy fuerte quizás hoy, pero aclara que no tiene necesariamente que ver con lo que hace una elite o una ideología dominante y monolítica) de lo pensable y series de reglas que legitiman las argumentaciones, persuasiones y narrativas. Esa “hegemonía es, fundamentalmente, un conjunto de mecanismos unificadores y reguladores que aseguran a la vez la división del trabajo discursivo y un grado de homogeneización de retóricas, tópicas y doxas transdiscursivas (...) esos mecanismo imponen aceptabilidad sobre lo que se dice y se escribe, y estratifican grados de legitimidad” (...) la hegemonía impone dogmas, fetiches y tabúes”

Partiendo de los hechos y de las posiciones discursivas que pudimos observar y escuchar, sobre todo durante el fin de semana en lo medios nacionales, vimos que cuando más álgido fue el conflicto, más cercanos estuvimos ante esa hegemonía de la que habla Angenot, que como proceso centrífugo cerró y generó una polarización que totalizó sobre qué opinaríamos todos (no operando en este caso la espiral del silencio de Neumann) porque se visibilizaron palabras y valoraciones incorrectas, impolíticas, inapropiadas, extremas, sin sentido común, ilegales y hasta fuera de tiempo, por doquier, por derecha y por izquierda, y sin que nadie se ponga colorado. Hubo una convergencia binaria sobre qué y cómo pensar el conflicto en Soldati.

Por eso, hay que decirlo claramente, los discursos sociales que se entronizaron en el momento culmine no salieron de los gobernantes y de los medios de comunicación, tienen un sustrato en votantes cansados de las políticas del Kirchnerismo y en quienes alaban sin grises al mismo. Los gobiernos en todo caso, los expusieron para posicionarse y los medios los reprodujeron de manera exponencial para aumentar sus públicos. Ergo, la individualidad dentro de la pluralidad social expresó una vez más, haciendo catarsis, sus visiones, sensaciones e historias. La critica entonces, a mi entender, más que ser dirigida al exterior, al otro, al diferentes, debiera tener como destino nuestra propia visión, realizada en el fervor, en el éxtasis, en la implosión de sensaciones es cierto, pero realizada y legitimada por nosotros sin coerción física exterior que nos impidiese reflexionar de otro modo. Angenot expresa entonces que “la hegemonía es entonces un “ego-centrismo” y un etnocentrismo” y continua diciendo que en verdad cada discurso encuentra “naturalmente su destinatario predispuesto”. Por lo tanto correspondería decir que quienes pidieron represión como quienes negaron toda intervención de las fuerzas de seguridad llevaron al extremo la complejidad social para simplificarlo y devolverlo como una triste postal de nuestras propias derrotas morales, humanas, de lo que en definitiva supone ser una agrupación humana que gracias a un proceso democrático dice tener un destino en común. En este sentido, sí la política se volvió por unos días un ejercicio estéril para la convivencia, es porque la cultura argentina (es la clave en donde se insertan los discursos) se encuentra en una encrucijada, en un revoltijo propio de la posmodernidad, con un poco de praxis pre-moderna y atisbos de instituciones modernas que nos dan vergüenza. Ergo, esta hibridez cultural nos encuentra siempre a pata, siempre a medias, siempre con medias tintas, siempre en la potencialidad pero nunca en la efectividad colectiva, siempre en la tensión irresuelta que no permite dar claridad ni un rumbo fijo a las políticas públicas. Al fin de cuentas una cultura de la ambivalencia, de la lejanía, de la despreocupación y de la apoliticidad nos reactualizó en 72 horas que la barbarie es su símbolo culmine, su icono insignia.

En ese escenario entonces, nos queda por precisar las actuaciones de los gobiernos, correspondiendo decir que tanto el Nacional como el de la Ciudad jugaron su papel, el esperado, el obvio para sus votantes duros y “predispuestos”. ¿A que jugaron? Jugaron “al loco” (Según la teoría de los juegos se da cuando dos oponentes van por la misma carretera a toda velocidad y con trayectoria de colisión) y en el momento culminante, el que dobló, arrugó o se bajó, porque los hechos y el discurso no lo favorecieron, fue el Kirchnerismo. De las pocas derrotas en este tipo de juegos, que el Kirchnerismo por si hacia falta decirlo, acostumbraba a jugar y ganar al doblegar la apuesta. La gran diferencia es que ahora no tiene a su numero 10, a Néstor, y Cristina comenzó a demostrar que no juega tan duro y lo que puede ser peor, sí quiere mantener esa estrategia debe demostrar un olfato superlativo y tener información de primera mano, lo cual quedó en duda en la evaluación de oportunidad, merito y conveniencia de sus decisiones y que fue oportunamente resaltada por varios actores y periodistas políticos en sendas notas de opinión o reuniones en el dia de hoy. Además, resultó llamativo, más allá de las teorías conspirativas, que sus fuerzas de control de la calle, de las masas, no actuaron, no aparecieron los D Elia..... con Néstor eso hubiese sido muy distinto, el control se hubiese conseguido por otros medios (ver anterior post en donde se propone una lectura sobre el orden callejero: http://recontextualizacionpolitica.blogspot.com/2009/12/conseguir-el-orden-por-distintos-medios.html - 15 de diciembre de 2009)

Finalmente, queda por decir que hubo un actor ganador pero en este caso y ante los hechos luctuosos prefiero no analizar ese redito alcanzado, pero si hay que decir que los dos en ese juego “del loco” nos acercaron una muestra de la campaña electoral del 2011. Creo que ese escenario tendra en clave dos discursos, el del cansancio y el del miedo, el del cansancio vs. el del miedo. Si apostáramos por prever los discursos sociales a desplegarse a futuro, estas dos palabras y visiones finalmente pueden ser la convergencia binaria que conformará a los más jerarquizados discursos sociales y sus “dominancias intersubjetivas”, lo propio de ese momento social. Entonces nos queda como tarea criticarnos, examinarnos, retroalimentar y ampliar los discursos sociales sino estaremos rodeados de locura.


JAC

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