(El revival epocal de los 70 reactualizado)
El discurso agonal de Néstor y Cristina Kirchner comienza a sumar costos directos en términos humanos. Los hechos de violencia sindical acaecidos ayer por la tarde, con un muerto hasta el momento (19:20) deberían ser interpretados como de una extrema gravedad social para todos. En estos términos es que el escenario socio-político nos encuentra con varios factores activos: Por un lado, el largo aliento presidencial proclive al empoderamiento de la CGT no hizo más que permitir que esta corporación termine por imponer condiciones a los restantes actores sindicales, e incluso al mismo matrimonio de poder. Por otro lado, el escenario económico-laboral, lamentablemente, nos permite ver a un Gobierno Nacional que no logra mejorar la situación económica de los sectores más bajos de la sociedad, que mantiene subyugados bajo formas duras, por no decir a fuerza de garrotes y amenaza de quita de planes sociales, a los movimientos piqueteros nacidos a finales de los 90, y que finalmente, a los sectores laboralmente formalizados, los mantiene bajo una incertidumbre vivencial atento a que pasamos de la precariedad laboral a la precariedad salarial, esa particular situación en la cual se tiene trabajo pero se cobra tan poco que se vive con una familia bajo la línea de pobreza
En esta configuración de finales de década, hay algo que no puede dejar de vislumbrarse, y es que estamos ante una clara rémora de la conflictividad social sufrida entre fines de los años 60 y mediados de los 70, época en que el peronismo se recostó sobre el poder sindical y que hoy (2010) es claramente reactualizada en clave neoliberal (utilizo esta expresión por lo que se asocia genéricamente con esa idea) Entonces, para mi perspectiva y para que todos nos podamos entender, no sólo hay un proceso conservador en el modo en que se mantiene los restos del poder real del Kirchnerismo, en conjunto a un sector mayoritario del poder gremial, sino que además se deja ver el proceso de precarización laboral y el fallo en las presuntas políticas de redistribución del ingreso que claramente no han contribuido a la mejora en la calidad de vida y a la superación de los bajos estándares sociodemográficos en la Argentina contemporánea. Una increible sumatoria de hechos que vuelve más compleja la lectura sobre lo "neoliberal" y los restos de ese esquema en la epoca pos menemista.
En definitiva, la retórica agonal del gobierno nacional comienza a cristalizarse de manera preocupante en estos hechos, en la medida en que la lucha y el reclamo de los sectores precarizados comienza a marcar un limite al “blef” mediático pergeñado por el Gobierno Nacional. Bien es sabido que el Kirchnerismo ha sido capaz de administrar la agenda pública, en clave izquierda-derecha, posicionándose exitosamente siempre a la izquierda del resto de sus designados opositores. Ahora bien, esa exitosa construcción imaginaria comienza a tener un límite en cuanto a que, la praxis y los restos del conservadurismo-neoliberal que supieron convalidar y encubrir a los fines de hacer “caja” y acrecentar el poder real, duro y de choque, termina por enervar a quienes nunca obtuvieron por parte de este gobierno un trato progresivo en sus estándares de vida. Así, el discurso y las banderas enarboladas comienzan a mancharse con sangre, sangre de quienes serían retoricamente la primer preocupación del Kirchnerismo, y su discurso político encuentra un límite y una prueba ácida a su legitimidad: un contexto en el que se vuelve real la muerte de quien reclama por sus derechos.
JAC
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