miércoles 29 de septiembre de 2010

Reconocimiento legal de “lo postmoderno” - publicado en diario "La Mañana"

OPINION

Reconocimiento legal de “lo postmoderno”

La nueva ley aprobada por el Congreso Nacional es el primer reconocimiento legal, en términos de igualdad de derechos, a parejas del mismo sexo. En estos términos, la unión civil ha resultado ser un claro remedio parcial que no hacía honor a un Estado de Derecho laico. Por ello, hasta aquí, la familia era entendida en un sentido restringido, como a aquella institución social conformada por el padre, la madre y los hijos que viven con ellos o están bajo su potestad. Se la definía como a una institución con pretensión de permanencia y constituida en vínculos de unión intersexual, procreación y parentesco. De manera lógica entonces, el matrimonio también estaba determinado por esta visión y lo que importa ver (sacarse el velo) es que más allá de las posiciones valorativas (subjetivas) estamos ante una institucionalización formal de la tradición moderna de carácter occidental y racionalista (objetivada). Ergo, una construcción social ampliamente reificada.

Ahora bien, lo ocurrido en el Congreso Nacional abrió la puerta para que nuestro ordenamiento legal reconozca y consagre un clima de época. De esta manera, podemos afirmar que tenemos vigente una institución postmoderna gracias a que la política reconoció la emergencia de nuevos intereses sociales, protegiéndolos de otras minorías, algunas más activas y ruidosas, otras más silenciosas y otras aparentemente indiferentes.

Entonces, lo que comienza a cambiar es la forma en que pensamos la categoría de “familia”. Ahora, la podemos comenzar a construir con nuevas propiedades y menos determinismos biologicistas e instrumentales tributarios del racionalismo. Así, la nueva categoría, en términos postmodernos, lo es sólo en su dimensión legal porque desde el punto de vista histórico la homosexualidad no es algo novedoso. En algún punto la sociedad, si no queremos salir de los esquemas explicativos clásicos y racionalistas, ha trasladado a un sector de ésta que se encontraba en el estado de naturaleza hobbesiano al sistema vigente de derechos y obligaciones.

Siguiendo con la argumentación, lo que importa dejar en claro es que la postmodernidad se abre paso entre nosotros al obligarnos a cada uno desde su punto de vista, a discutir y releer las instituciones sociales no porque se tenga que romper con las visiones del pasado, sino porque se continua con él pero en modos mutables y reproducibles según cada cultura. La postmodernidad no rompe con la modernidad y sus instituciones y categorías sino que las discute a fin de ver su vitalidad en tanto muchas de estas no han otorgado a la humanidad lo que prometió: paz, progreso y felicidad. Ergo, más que resistirnos a los cambios hay que prepararse a discutirlos con mejores argumentos y más que asustarnos por no saber hasta donde llega esto hay que darse cuenta que los cambios tienen un límite resguardado en los acuerdos que generan leyes de orden público y son legitimadas por la ciudadanía. Si para el caso bajo análisis hubiésemos estado ante un cambio extremo y por fuera de las reglas de juego democrático-republicanas los efectos serían ya conocidos por todos: una nueva crisis de legitimidad y un nuevo “que se vayan todos”. Está a la vista hoy, que este cambio fue posible sin que corra peligro la sociedad y su modo de autorregulación resultó ser claramente de suma positiva.

Finalmente ¿Qué nos queda por hacer ahora? Saber y entender que cada uno de nosotros debe recontextualizar su percepción de lo social y de lo político, preparándose para practicar la prudencia y la tolerancia a fin de que los cambios sociales sólo se desarrollen por las vías legitimadas y habilitadas constitucionalmente.


Javier A. Cubillas

Analista Político

http://www.lamanana-online.com.ar/edic_ant/editorial.php?str1=2010-septiembre-09

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