martes 21 de septiembre de 2010

La autoridad en un sentido progresista no escala el conflicto, lo reconduce.

Martes por la noche, C5N, programa de Longobardi, tema: La toma de los colegios en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. El conductor, fiel a su estilo monótono y parco, le pregunta a su entrevistado si no cree que muestre debilidad como autoridad ministerial ante los jóvenes por el modo en que se desarrolló la mesa de negociación. El entrevistado contesta que no; no cree que sea una muestra de debilidad escuchar, comprender y entender lo que les está pasando a los estudiantes que tomaron los colegios, más allá que el entrevistado siga sosteniendo que la toma de los colegios está mal. Al punto ha sorprendido a su entrevistador, que ha llegado a decir que los alumnos tenían su celular y podían llamarlo directamente cuántas veces quisieran.

Lamento no tener el video de la entrevista para linkeralo pero la pregunta y la respuesta anterior, que no ocuparon más que 30 segundos de aire, dieron una muestra interesante de dos concepciones sobre la autoridad y el modo en que debe ejercerse. Uno, con una tendencia claramente conservadora, el otro, con una tendencia claramente progresista.

¿Por qué y en que términos uno y otro pueden ser vistos bajos esos rótulos?

La visión conservadora, en este caso la del periodista, expresa la imagen de la autoridad como institución formal, a la que le basta su legalidad como para ser tenida como legítima y que no reconoce en el otro, en el dirigido, que claramente puede estar en contradicción, alguien que puede deconstruir esa institución, que puede discutirla, interpelarla en tanto tiene la convicción de que no es merecedora de reconocimiento porque no se siente obligada en lo mas mínimo ante sus ordenes. Aquí hay rigidez y se impone lo estático, lo arquitectónico.

La visión progresista, en este caso la del Ministro, quien expresa y ejerce la imagen de la autoridad como institución formal pero que entiende que no basta el reconocimiento legal para ser tenida como legítima, sino que ésta debe construirse de manera permanente, en una relación de mutuo reconocimiento en los roles y las funciones, dentro del complejo Estado-sociedad. Así, entiende que mediante la negociación, la escucha y el diálogo, se logran los acuerdos que permiten la sobrevivencia ante la conflictividad inherente a la democracia de masas. Aquí hay dinámica, y se impone la constructividad de una solución para los interesados.

Así, las dos visiones, en este contexto de tanta sensibilidad socio-mediática, nos pueden dar distintos desenlaces a los conflictos actuales. Para el caso, la visión progresista de la autoridad permitió reconducir el conflicto al buscar acuerdos y no redoblar la puesta (algo tan común en Secretarios y Ministros Nacionales) logrando descomprimir la conflictividad.

Rescatar entonces, que el modo de ejercicio de la autoridad y el entendimiento del rol a jugar en la escena política, es importante en tanto se percibe que el conflicto no siempre tenderá a escalarse, dependiendo esto, más de la psicología del actor que de la naturaleza del conflicto mismo. El que un Ministro de Educación haya “bajado” a escuchar el reclamo de jóvenes de 15 o 16 años, en pie de igualdad y en una mesa de negociación sin intermediarios, el que no haya necesitado ser interpelado por la Legislatura de la Ciudad como para ir a rendir cuentas sobre su marcha en la gestión, y el que el conflicto no se haya recalentado al no devolver chicanas, sino respuestas (que puedan ser todavía insuficientes ante décadas de crisis educativas, en lo pedagógico y en su infraestructura) nos da la pauta que la autoridad en un sentido progresista, no escala los conflictos, sino más bien los reconduce de manera positiva hacia una solución acordada, que no hace más que legitimar a la praxis política, lejos de una visión anti-política que algunos periodistas intentan fogonear.

La construcción de un escenario propicio para el acuerdo, y la humildad para dar respuestas, son vitales para la conducción política y la administración de lo público en regímenes democráticos. La autoridad, en un sentido progresista, es un buen ejemplo de una política constructiva en términos democráticos que debe ser valorada, ante los resultados que hoy se encuentran a la vista


JAC

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