sábado 5 de junio de 2010

El Bicentenario y su “movilización horizontal”

Siguiendo con la línea argumentativa del post anterior, intento proponer un enfoque que no se detenga en una visión express y unilateral de los hechos ocurridos durante los días de festejo del Bicentenario de la Revolución de Mayo en la Argentina.

En este sentido, y partiendo de la idea de que la gente fue el centro del fenómeno en tanto habría reactualizado a su modo la sensación de argentinidad y habría logrado reapropiarse de su espacio público, es que pienso en que pudimos haber asistido a la configuración de una suerte de “movilización horizontal”, entendida a la misma como una movilización espontánea y sin dirigentes sociales que hayan inducido masivamente a la concreción del fenómeno festivo.

A esta propuesta por lo tanto, la podríamos comenzar a construir como una idea fuerte, sí la contraponemos u oponemos a las movilizaciones sociales que están orientadas de manera “instrumental” (Rossi, en Política Cuestiones y Problemas, de Aznar y De Luca (Coord.) 2006) en la búsqueda de cambios en políticas públicas o del sistema político, a los cuales, claramente podríamos también caracterizarlos como movimientos “jerarquizados” en tanto la naturaleza y su objetivo es estrictamente político.

Para el caso entonces, esta propuesta de entender al fenómeno como una movilización “horizontal” tendría su cristalización en la movilización auto-orientada a la constitución de una vivencia socio-cultural común, de carácter festivo, y particularmente en el marco de una efeméride histórica para la Nación Argentina. Es decir, concurrimos a observar por un lado que, presenciamos un fenómeno que reactualizó valores y tradiciones de manera comunitaria, y que por otro lado, su significación tuvo el clímax en el mismo momento de la vivencia común, no pudiendo ésta ser dirigida unilateralmente por ninguna fuerza política, en tanto no logró personalizarse simbólicamente en ningún dirigente la autoría y concreción del fenómeno.

Por lo cual, no podemos dejar de traer a colación, que en el desarrollo del evento los movimientos “jeraquizados” no hicieron su aparición (fué minúscula y esporádica) de modo preeminente, al no poder cortar las calles en adhesión o repudio o hasta pujando por ser los más cercanos al escenario del acto, por enumerar algunas de las más comunes intervenciones de estos grupo. Esto ultimo, posibilitó decididamente, la afluencia masiva de la gente al no visualizarse ni noticiarse su aparición y por ende no preverse que se movilizarían como un obstáculo físico e ideológico.

En definitiva, y por lo antedicho, podemos comenzar a pensar en que se habrían dado condiciones sociales como para que estemos ante un fenómeno que necesite de una relectura, y su consecuente reconstrucción en una idea fuerte, que muestre como se habría cristalizado una modo de movilización muy particular, una movilización entendida como “horizontal”.

JAC

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