Terminados los festejos del Bicentenario de la Revolución de Mayo, presurosos los analistas buscaron interpretar el desenvolvimiento y resultado de los hechos y actores más encumbrados durante los festejos. Así, los analistas de ocasión vieron ganadores y perdedores, imprevistos y previsibles y necesarios e innecesarios actos o demostraciones públicas, según su particular paladar o piné.
En este sentido, a mi parecer creo, hubo una necesidad irrefrenable de los medios y operadores de politizar el festejo, el cual no tuvo éxito y terminó por dejar en la nada sus comentarios. Creo por ello necesario que, lejos de estos intereses, se busque analizar correctamente el fenómeno y hacer honor a los acontecimientos.
Por ello, mi posición al respecto es que presenciamos un hecho socio-cultural muy lejano a la coyuntura y agonalidad política, sino más a bien a pesar de ella.
Esto porque:
1. Los presuntos ganadores de los festejos (cristina y Mauricio) no sólo no compitieron sino que terminaron siendo complementarios en sus actos. Es decir, los festejos fueron contextualmente distintos, Cristina hizo de la calle su escenario, y Mauricio devolvió a un icono cultural de la elite a la vida social. En definitiva, cada uno saco rédito en sus propios territorios políticos y simbólicos. Podríamos decir que no compitieron en la misma arena festiva.
2. Además, ni uno ni otro apostó a una estrategia comunicativa que llamara a la participación de manera masiva. En los dos casos, la ciudadanía no tenia mayor idea de cuales iban a ser las actividades y su desarrollo. Digamos entonces, no hubo una operación mediática destinada a tener preeminencia en los actos por sobre el otro. No hubo propaganda previa, ni positiva ni negativa.
3. Otro factor determinante que alejo a la perspectiva estrictamente política de los festejos fue que no tuvieron epicentro ni fueron determinantes las vigentes arquitecturas de poder. No hubo actividades abiertas y masivas en el Congreso Nacional, en la Legislatura de la Ciudad, ni en la Casa Rosada ni en la Jefatura de Gobierno. Dato no menor.
4. Tampoco la escaramuza previa por la presencia o no de Cristina termino siendo un hecho de importancia social y política. Puede recriminársele moralmente a Cristina su ausencia en la apertura del teatro pero entiendo que racional e institucionalmente es más reprochable su falta ante el desfile militar, como Jefa de Estado y de las Fuerzas Armadas. Y aún en este caso no hubo una proclama popular por su falta. E incluso, volviendo sobre la cuestión del teatro, de haberse dado su presencia quizás el rédito se lo hubiese llevado Cristina y no sólo Mauricio. Con lo cual ahí sí nos hubiésemos encontrado ante una ganadora relativa.
5. Finalmente, el actor que se constituyó simbólicamente en estos festejos fué claramente la gente, la masa, el pueblo. Esa gente que inició su acercamiento el viernes por la noche, pero que definitivamente inició los festejos de manera emotiva en la actividad al aire libre en la apertura del Colón, y de ahí, pasó por la misma experiencia en la víspera del 25 al cantar el himno, en la instalación del Cabildo y el desfile de carrozas alegóricas, para terminar en el recital de cierre frente al obelisco. Ahí, y con esta sucesión de hechos, los festejos encontraron un común denominador sentimental en clave argenta, y su actor validante, la gente.
Por ello, humildemente pienso que, el querer hacer una lectura política y entrever resultados del mismo tenor hace que se pierda la riqueza del fenómeno y se fuerce la interpretación de los hechos. Ni Cristina ni Mauricio esperaron o previeron esto. Es decir, dos de los principales actores políticos nacionales, en términos de imagen y de recursos de poder, no pudieron direccionarlo en su único provecho, siendo claramente superados por la dinámica social. De hecho, el que los dos estuvieran en estos lugares (Como dijo Cristina: ¡Dios quiso que yo sea la presidente de los festejos del Bicentenario!) bien nos permite ver un determinismo institucional lejano a su voluntarismo. A los dos les tocó oficiar circunstancialmente el rol de principales animadores de los festejos, y en ese sentido, los dos se ajustaron a sus roles institucionales y persepetivas ideológicas.
Por ello, no ganaron los dos, sino que de antemano eran los políticos destinados a tener una preeminencia, y no compitieron, porque los dos enfocaron sus recursos para sus respetivas masas. En definitiva el poder y sus actores fueron partener del símbolo que emergió durante los festejos del bicentenario: El pueblo, la gente la masa y la reapropiación emotiva de sus tradiciones, gustos, canciones, y primordialmente de su espacio público.
J.A.C
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